Al final logró cogerla, se sentía
bien con la pequeñaja en brazos. A maría le salió una dulce sonrisa de la cara,
y le dijo con un tono gracioso:
-
Pues no te queda nada mal, eh.
A los dos se les dibujó una
pequeña sonrisa, María sabía la respuesta de él. La volvió a coger en brazos, y
la dejó en la cuna. La arropó y le dijo: “enseguida vuelvo pequeña”
Cogió a Mario de la mano y
bajaron corriendo las escaleras, ya lo tenía claro, tenía claro con quien
quería pasar el resto de sus días. Cuando vio a María en los brazos de aquel
chico, lo supo, sabía que a Marcos le iba a doler, sabía que quizá no le
volviera a dirigir la palabra en mucho tiempo, pero ella por él, moriría. Si
hiciese falta le donaba hasta su corazón, quizá así sepa lo que siente por él.
Estaban en la calle ya, cuando
María se paró de lleno y miró a Mario a los ojos, y le dijo:
-
¡TE QUIERO!- los dos se fundieron en profundo
beso.
-
¿Y esto?, y ¿Marcos?
-
Mario, por favor, no me lo hagas más difícil. Te
quiero, si te quiero hasta el resto de mis días, quiero que mis niños te llamen
papá, quiero cuidar de nuestros nietos, cuando tengamos el pelo blanco, quiero
estar contigo hasta el fin de mis días. ¡JODER!
En ese momento se puso a llover,
y se besaron bajo la lluvia. Empezaron a correr bajo esta misma, y en menos de
diez minutos llegaron a la casa de Mario. Se sentaron juntos en el sofá, tenían
la casa para ellos solos, su madre, Lucía se había ido a su casa a cuidar de
los pequeños.
Mario empezó a besar a María,
poco a poco subían las escaleras, mientras lo hacían, las prendas que vestían
en ese momento dejaban el rastro. El rastro dio a parar a la habitación de la
cama de matrimonio, la cama de los padres de Mario.
Después de lo que pasó entre
aquellas cuatro paredes, los dos estaban dormidos, abrazados. Mario se
despertó, buscaba algo en el suelo, lo encontró. Se levantó de la cama, y el
reflejo de la luz, hacía su cuerpo una estatua perfecta, se dirigía hacia la
cocina, quería hacerle el desayuno. Le hizo unas tortitas con chocolate, un
poco de zumo natural, y se acercó a la puerta del jardín. Con la mirada buscaba
una flor. Allí estaba encontró la que quería, cortó la rosa blanca que tenía en
el jardín.
La posó en un vaso de champán,
con un poquito de agua, cogió la bandeja y se dirigió a la habitación de sus
padres, abrió un poco las cortinas, y la despertó a base de caricias y besos.
-
Buenos días princesa, ¿desayunamos o
besayunamos?