Se durmieron abrazados, pero sobre las nueve, apareció una chica de uniforme blanco, que les decía a los pacientes: “Venga dormilones, el desayuno”. María se levantó y le dijo:
- Perdona, yo… no quería quedarme dormida.
- No tranquila, no pasa nada, pero intenta que no se vuelva a repetir por favor.
- No, no pasará.
Salió de la habitación, y acudió a los baños que tenía más cerca. Se limpió la cara, y se puso a llorar.
Le entraron ganas de vomitar, levanto la tapa … tardó aproximadamente unos cinco minutos en salir de aquel pequeño lugar.
Salió y se dirigió dónde estaba Marcos, y le abrazó. Y le susurró al oído unas bellas palabras. Y a continuación le dijo:
- Me tengo que ir, pero volveré a verte.
Salió de la planta, acudió a los ascensores, subió a la habitación donde se encontraba Mario, su hermano. Y su sobrina, la verdad, tenía ganas de cogerla y cantarle una nana. Quería abrazarla.
Cuando entró a la habitación vio a su hermano durmiendo, y sonrió, volvió a salir y se dirigió a el despacho de enfermería de la planta. Les dijo a las chicas que había detrás del mostrador:
- Disculpad, ¿me podríais dar una manta?
Una chica jovencita entro al armarito y de ahí le sacó la manta, y le dijo con unas dulces palabras:
- Toma cariño, aquí tienes…
- Muchas gracias
Y con la mata en la mano, entró a la habitación y tapó a su hermano, y le dio un dulce beso en la frente. Escuchó los gemidos de un bebé en el otro lado de la cama, se acercó y la arropó entre sus brazos. La acunaba, le cantaba sigilosamente una dulce nana, de esas que le cantaba su hermano a la hora de dormir. Nadie la cree, cuando ella dice que se acuerda de algunas de esas nanas.
- ¿Qué hora es?
- Muy pronto todavía, sigue durmiendo…- le dijo
con una dulce sonrisa, y con la pequeña en los brazos.
-
Y ¿Qué haces levantada a estas horas?
-
Nada, que no he podido pegar ojo en toda la
noche.
-
¿Quieres que la coja?
-
No, no te preocupes, me encanta tenerla en
brazos.
-
Perdón, me he equivocado, ¿me dejas cogerla?
-
¿Pero sabrás?
Los dos echaron a reír, y ella
accedió, Mario no sabía cómo colocar las manos para coger a la pequeña, la veía
tan frágil.
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