Eran las dos y media de la tarde
y los incidentes continuaban en el piso de abajo de aquel chalet, Mario y María
estaban abrazados, la intentaba consolar, no sabía qué hacer para decirle que
ya estaba todo solucionado… quería abrazarla, besarla, quería decirle lo mucho
que le quería pero no podía. Ella, no tenía claro sus sentimientos, pero ahí seguían,
abrazados, ya se habían llevado detenido al chico de color, y ahora había
tranquilidad y Martina aún estaba en estado de shock, deshicieron ese cariñoso
abrazo, y Mario acudió a ayudar a Martina, veía que no estaba bien, estaba
nerviosa, no le salían las palabras, estaba sentada en aquel sofá rojo, colocado
al lado de la ventana para salir al jardín. Estaba abierta, hacía las típicas
brisas de verano, María subió a ver que hacía la pequeña. Tardó poco en subir
las escaleras y acudir a su lado. La pequeña, estaba distraída jugaba en la
alfombra de las princesas y dándoles el té.
Se sentó en el suelo a su lado y
la cogió, la sentó en sus rodillas y le dijo a la pequeñaja cariñosamente.
- Toma, las chuches que te había prometido, pero
ahora no te las comas eh, que enseguida vamos a comer,- las dos se miraron, y
rieron al unísono- anda dame un beso. – le dijo la chica señalándole el moflete
derecho.
María dejó entretenida a Blanca, jugando
con las barbies. Se le había ocurrido una idea, para que Martina descansara,
tenía que salir de aquel estado en el que había entrado. Bajó las escaleras de
dos en dos y dijo en voz alta.
-Oye Mario, te parece que nos quedemos los dos a
comer aquí, y que Martina se vaya a su casa a descansar, vamos, que le demos el
día libre por lo que ha pasado hoy y eso… ¿Te Parece?
-Me parece una idea estupenda, - miró a Martina-
y así tú descansas, y por mi hermana, no te preocupes, que para eso soy yo su
hermano, y la cuidare perfectamente.
- No no, yo no me quiero ir, esta es mi casa, y
vosotros sois como mis hijos y de verdad que estoy bien, no os preocupéis, que
ya me encuentro mejor.
- ¿seguro? Martina, tu sabes que tu eres como mi
madre, y que por nada del mundo dejaría que te pasara nada, que si te pasa
algo, yo no podría perdonármelo, porque has sido la canguro de la familia desde
que nacimos mi hermana y yo, y esta relación se ha fortalecido desde que paso
aquello ¿o es que ya o te acuerdas de aquello?
Aquello hizo que la canguro se
pusiera a llorar, cogió sus cosas y se despidió de ellos, y dentro de esa casa,
pasarían cosas, que cambiarían la vida de los dos.