El chico de color tenía a Mario
cogido por el cuello, tenía una pistola apuntándole en su sien, Mario y María
estaban llorando, desde que empezaron juntos a trabajar han vivido juntos
momentos maravillosos, la chica estaba nerviosa, no sabía qué hacer, quería
proteger a Mario, pero no podía, le cubría uno de los policías de azul, de
repente se escucharon unas palabras que dijo el chico de color:
-Dejadme en paz, dejadme ver a mi hija.
-Dejadme en paz, dejadme ver a mi hija.
- Primero suelta el arma, y después suéltalo a él
y hablamos.- dijo el policía de azul de la derecha.
-¿Tú sabes lo que es tener hijos y no poder
verlos?
En ese instante se escuchó
una voz infantil por debajo de las escaleras,
era Blanca, la hermana de Mario, preguntaba por la chica, quería saber porque
tardaba tanto.
- ¿María?, ¿Tete?, ¿Por qué estáis tardando tanto
en subir? Me aburro mucho.
- No, Blanca, no bajes, enseguida subimos, ahora
sube María a jugar contigo, pero quédate arriba, el tete está bien, no te
preocupes. – Le dijo su hermano, pretendiendo que no bajara a la parte inferior
del piso.
- Si, cielo, ahora subo, es que…. mmm le estaba
contando una cosa a tu hermano, quédate jugando con las barbies, además, te he comprado
una cosita… te he comprado chuches, están en…- se tocó los bolsillos del
pantalón, y se las notó cerró los ojos y dijo susurrando “Mierda”- están en mi
bolsillo, pero ahora te las subo, no tardo nada vale, quédate en la habitación.
La niña no llegó a bajar, se oían
sus pequeños pasos volviendo hacía la habitación, pero seguían allí en medio
del salón, intentando que las cosas se calmaran. A María el policía de la
derecha le recordaba un montón al padre de un amigo suyo. Este empezó a decir:
- Sí, sí que lo sé, lo que no sabes lo que sufres
cuando tu hijo tiene cáncer desde los cinco años, que los médicos le hagan
pruebas y pruebas y nunca te digan nada de lo que tiene, que siempre le estén
encontrando tumores y que sean malignos, que lo veas allí sentado en esa silla
tres veces a la semana, recibiendo esa puta medicación que acaba con sus fuerzas, verlo allí
sentado, vomitando, y sin pelo, porque el puto cáncer se lo ha quitado, que
esté enamorado de una chica, y que ella pase de él, verle sufrir, día a día,
noche tras noche, y verle entrar en coma, y no saber si se va a recuperar o
que, verle en la habitación con todos aquellos tubos que salen de su cuerpo y
que le ayudan a sobrevivir, y sobre todo, no poder verle, por pagarle ese puto
hospital, que está acabando con la vida de mi familia, con los ahorros, pero es
mi hijo, y es lo más importante de mi vida, y daría lo que fuese por tener yo
ese cáncer que no él, pero hay veces que a las personas nos tocan cosas que no
nos gustan, así que suelta el arma, tírala al suelo.
El chico de color, soltó a Mario,
y tiró el arma al suelo, y se arrodilló con las manos en la nuca.