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sábado, 29 de junio de 2013

La Decisión de María

-                 Pe… Pero ¿por qué no me has dicho nada?
-                Pues porque con diecisiete años que tenía yo, y ahora tengo veintitrés y no quería haceros daño. 
-                ¿Pero mamá lo sabe?
-                Si, ella lo sabe.
-                ¿Y que pasó?
-                Pues que sus padres quisieron que nunca estuviéramos juntos, porque decían que yo era mala persona y que solo quería aprovecharme de Sonia, mi mujer.
-                ¿Tu… Tu mujer?
-                Si, mi mujer, se mudaron, entonces ella se fugó y se vino conmigo. Y estuvimos unos días en casa, pero quería que nos fuéramos porque no quería molestar a mamá, estudié medicina en Londres, y cuando nació Juan, el niño. Me apunté a médicos sin fronteras, y nos trasladamos a sud África, donde nos casamos, y se volvió a quedar embarazada, y ahora es niña, nacerá en dos meses.  Para entonces ellos estarán aquí.
-                ¿Entonces soy tía? Y ¿Cómo son?¿tienes fotos?
Adrián sacó su cartera, y la abrió, le mostró una foto que tenía guardada, le pasó el dedo pulgar por encima de la foto, y sonrió como un niño con zapatos nuevos.
María se puso feliz al ver a su hermano a sonreír, tenía ganas de conocer a sus sobrinos. Con pocas palabras preguntó:
-                 ¿Cuándo vienen?

En esos momentos sonó el timbre de la puerta de la casa de la familia. Adrián sabía que era Sonia y kevin, su mujer y su hijo. Pero quería darle una sorpresa a su pequeña ratona, bajó de dos en dos las escaleras y acudió a abrir la puerta, lo siguió María. Se quedó en el descansillo. Observó cómo su hermano abrió la puerta y sin pestañear, le dio el beso más romántico que había visto nunca.
 Todos acudieron a recibir a aquella chica embarazada de unos siete meses aproximadamente, con un niño de siete años, moreno y con un juguete de un avión en la mano.

Sonia, acudió a María, le dijo con una sonrisa:
-                 Hola, tú debes de ser ¿María, no?
-                 Bueno, si…
-        Adrián me ha hablado mucho de ti, y además ya te conocía pero supongo que tú no te acordarás de mi 
María no respondió. Estaban en una situación incómoda. 

jueves, 27 de junio de 2013

La Decisión De María.

María subió corriendo a la habitación. Se tumbó en su cama. Y se puso a llorar. Unos minutos más tarde, Adrián llamó a la puerta con los nudillos. Antes de entrar, dijo cariñosamente:
                -María…. María… Ratona, ¿se puede pasar?
María no contestó, aunque Adrián tampoco esperaba una respuesta, pero entró y se sentó en la cama, a la espalda de María, la cual no miraba a los ojos.
              -Ratona, no puede ser… no queremos ni la mamá, ni nacho, ni yo, que… ¿Cómo se llama?...
              -Mario.- respondió María, aún sin mirarle a los ojos.
              - Eso Mario… Que ni la mamá, ni nacho ni yo, queremos que Mario te haga daño, porque… ¿Es que no me vas a mirar o qué?
              -No- dijo rotundamente.
              -En fin… bueno eso, que no queremos que te haga daño, los tíos somos todos iguales, vamos a lo que vamos. En fin, ¿ya me entiendes no?
             -Si, se lo que quieres decir. – dijo poniéndose mirando al techo, y con una sonrisa improvisada.
            -Bueno, al menos sonríes, verás Ratona,…  te voy a contar una cosa ¿vale?, pero necesito que me escuches atentamente y sobre todo que no te cabrees. Esto es un poco complicado…
           -Vale, te escucharé.
          -  ¿Te acuerdas de cuando era yo más pequeño?... sí, ¿Cuándo tenía tu edad más o menos?, y de la casa de veraneo ¿te acuerdas?
         -  Sí, de la casa de veraneo me acuerdo, pero tengo un vago recuerdo de cuando tenías mi edad. Hombre, tenía siete años, pero me acuerdo que ibas siempre con una chica morena, y guapa. Que por cierto, ¿Qué ha sido de ella?
         -Se quedó embarazada.
        -¿Qué?
        -Si, se quedó embarazada
        -¿Pero cómo?
        -  María cielo, ¿Me vas a hacer explicarte el proceso del polen y la abejita? ¿O lo de la cigüeña de París?.
Los dos se echaron a reír. Echaban de menos aquellos momentos.
      -¿Pero era tuyo?, o sea, que si tu….
       -¿Que si soy el padre?
       -Si eso…
Le mostró a María una sonrisa soñadora, de esas que no había visto nunca.
       -Sí, yo soy el padre- lo dijo mientras se aclaraba la voz. 

jueves, 20 de junio de 2013

La Decisión De María

             -No vas a ir María, no te voy a dejar que vayas a valencia, me das igual lo que digas.
             -¿Pero por qué?
           -Porque lo digo yo y punto. Y porque soy tu hermano mayor
Adrián ya sabía cómo actuar, su madre ya se lo había prohibido antes, cuando tenía la edad de su hermana.
María subió a su habitación. Mario y Adrián se quedaron a solas en el salón, Mario se sentía incómodo. Cuando de repente Adrián le dijo a Mario mirando por las escaleras para ver si bajaba su hermana.
         -Mira, papanatas, como no le quites la idea a mi hermana de que se vaya a Valencia  contigo de la cabeza, te corto la carrera de padre. ¿Te queda claro?
Mario no respondió, pero asintió. Cuando bajaba María por las escaleras, por la puerta entraban Nacho y Lucía. Venían cogidos de la mano, y se notaba que entre ellos había amor. Bajó corriendo y le dijo a su madre:
        -Mamá, Mamá, ¿puedo ir a valencia con Mario? Si, sé que resulta extraño, pero necesito despejarme un poco, va mamá porfaplis.
      -No- dijo su madre rotundamente.
      -¿Pero por qué?
      -Por que no, por que…. – miro a su hijo y recordó aquellas escenas- porque aquí estáis mejor y punto.     
     -Nadie me entiende….- estaba a punto de echarse a llorar.
Sintió como que en ese momento, nadie la entendía, necesitaba estar sola, aclarar sus dudas, pero había una cosa de su hermano que no sabía que tardaría muy poco en descubrir. 

domingo, 9 de junio de 2013

La Decisión de María

Cuando bajó con las maletas llenas de ropa, le estaba dando vueltas a la cabeza en como irían a Valencia, porque él sabía conducir, no tenía el carné pero su padre le había enseñado algo.
Aunque desde Madrid hasta Valencia había mucho trayecto. Aunque también podían ir en moto, tenía el carné, cogían unas cuantas cosas, y el volvería a por más cosas. Fue al garaje y destapó la moto, miro a ver si tenía gasolina, y si funcionaba. Tenía un poco de polvo, pero por lo que parece funcionaba. Le pondría gasolina antes de salir. Cogió la caja que había en el estante más alto, tenía guardado algo de dinero.
Cogió los royitos y los metió en las rejillas que había en los baúles laterales. Subió al salón y le dijo a María:
               - Nos tendremos que ir en moto.
               -¿¡¿¡¿¡EN MOTO?!?!?! SI SABES QUE NO ME GUSTAN.
               - Pues no sé, ¿entonces cómo nos vamos? Además tendremos que pasar por tu casa para que cojas algo de ropa, y si eso ya vendré yo a por más.
               - Pues en metro o en cualquier cosa, sabes que me dan mucho miedo. 
               -  Pues cógeles confianza.
               -  Bueno, vale, pero despacito ¿Vale?
Mario soltó una breve carcajada, y María y Blanca pasaron cogidas de la mano por su lado. Salieron los tres por la puerta, y emprendieron camino hacía la casa de María.
Tardaron media hora en llegar, María se esperaba la reacción de su madre cuando le dijera que se iba, y más en moto. Seguro que no le dejaba irse, pero lo necesitaba, necesitaba cambiar de aires, aclararse si Marcos o Mario, necesitaba gritar, necesitaba estar sola, y que la brisa marina, la despeinara. Estar bajo la luz de la luna, ver el amanecer y el atardecer tumbada en la playa. Necesitaba unos días de relajación.
Entró por la puerta y se abalanzó sobre su hermano y le dijo:
            -   Te quiero tete, no lo olvides nunca. – y le propinó un beso cariñoso en la mejilla.  
           -Y yo a ti hermanita.- se lo dijo mientras le abrazaba.
            -  ¿Está mamá? – dijo levantándose de las rodillas de su hermano.
           -   No ha salido a despejarse, ¿por qué?
           -   Porque quería decirle que me iba a ir unos días a Valencia con Mario, y que si podía cuidar de ese tiempo de su hermana.
Su hermano lo miró con los ojos como platos, ¿irse a valencia? ¿Ella y Mario? ¿Cómo?, tenía que pararla como sea, porque conocía muy bien ese tipo de situaciones. Es más, él lo había hecho con su novia, se habían ido a la casa de veraneo, a pasar unos días.  Y ella acabó con un embarazo.
Tenía que proteger a su hermana de ese depravado, no iba a dejar que se fueran, no quería ser tío tan pronto. 

sábado, 8 de junio de 2013

La Decisión De María

Estaban sentados en el sofá. María quería desconectar de todo, quería olvidar los momentos que había vivido hace unos momentos, la discusión con Marcos, lo de sus amigos. No se lo esperaba. Estaban viendo una película en la televisión, de esas que el chico besa a la chica, y ellos viven felices para toda la vida.
En ese momento se le vino a la mente el recuerdo de hace dos veranos con Mario, en la playa, en  la casa de la playa de sus padres, pero desde que le pasó aquello a los padres de Mario.
Hace tiempo que no van, le encantaría volver a ir, pero no sabe cuándo ni cómo. Le encantaría ir con Mario a solas, para despejarse, para tener el roce de las olas del mar en sus pies, o el olor del mar, lo echaba muchísimo de menos.
Recuerda el momento exacto en el que le dijo a Mario gritando mientras entraba en el mar: “¡¡¡¡ Mario ojalá nos casemos tu y yo, para que nos podamos venir a vivir aquí, este sitio me encanta!!!!”.
Salió de aquellos pensamientos mientras una voz grave le llamaba:
-            ¿María, estás bien?
-            Estaba recordando el momento de la playa.
-            ¿Cuál de todos?
-            En que te decía que ojala nos casáramos.
-            Puffff… lo pase muy mal.
-            Necesito volver a mi casa.
-            ¿Pero…? ¿Pero y mi hermana? ¿Qué hacemos con ella?

-            O no se necesito ir a la casa de la playa. No te preocupes, mi madre la cuidará pero necesito pasar el verano fuera de los recuerdos de todos aquellos que están mal. A quienes realmente me importan. Necesito gritar. Necesito llorar, necesito alejarme de Madrid, de Marcos, de Pablo, de Paula. De todo. Escapémonos. Vente conmigo.- Mientras le dijo mirándole con lágrimas en los ojos.  
Mario se quedó pensando, no sabía qué hacer, pero se le veía que necesitaba escaparse, y que lo necesitaba a él, quería ayudarle, pero… ¿Y su hermana?, si tenía la posibilidad de que Lucía, lo cuidara pero…
Estaba indeciso, no sabía qué hacer, pero la volvió a mirar, y lo tenía claro. Menos mal que allí se dejó ropa, cuando fueron hace tiempo, y creo que por allí también había algo de María. No se acordaba, pero debía de pasarse por su casa para coger algo de ropa. 
 Mario se levantó del sofá y cogió las maletas que había en el armarito al lado de las escaleras, las subió y empezó a llenarlas con ropa suya y de su hermana. 

domingo, 2 de junio de 2013

La Decisión De María

-DÍA 6-                                                                                                  - 29 de Junio-
Eran las diez de la mañana aproximadamente cuando la pequeña blanca fue corriendo a abrazar a su hermano, y abrió la puerta de la habitación de su hermano, y la pequeñaja entro saltando y gritando:
-       ¡ES MI CUMPLEAÑOS, ES MI CUMPLEAÑOS!
-       Ya lo sé cariño, pero ahora baja, que me estás haciendo daño.
-       Tete ¿Qué me has comprado?
-       Ups.. se me ha olvidado
-       Jo, eres tonto, ya no te quiero. – la niña hizo una mueca de enfado.
-       Te he comprado una cosa súper chula, pero primero tienes que desayunar y recoger tu cuarto que ayer lo dejaste, todo tirado por ahí, ¿vale princesa?
Mario no se esperaba la reacción de la niña, esta salió rápidamente de su habitación y empezó a recoger las cosas.
Bajó las escaleras, y vio que María estaba sentada en el sofá, estaba mirando la pared. Se sentó a su lado, y le preguntó:
-       ¿Estás bien?
Mario esperaba una respuesta, pero ella no le dio ninguna, le abrazó y no dijo nada. Estaba preocupado por ella, así que por intentar distraerla, le dijo:
-     ¿Sabes qué hoy es el cumpleaños de mi hermana? Y ya cumple seis años, ya se ha despertado, así que si quieres lo podemos celebrar, yo le diré que mi regalo es de los dos.
Mario seguía sin esperar respuesta, pero esta vez la obtuvo:
-     Hoy hubiera nacido mi hermano, para hoy estaba previsto que naciera,  pero desde aquello, mi madre, no es la que era, no ha levantado cabeza, pero yo como puedo siempre la intento animar, me dice que está bien pero no lo está, se iba a llamar Roberto.- hizo una breve pausa- Sabes Mario, este verano, no va a ser uno de los mejores, lo de mis amigos, lo de Marcos, va a ser difícil de olvidar, pero gracias a ti, gracias por estar a tu lado, sé que va a ser más fácil. Te quiero.
Mario no sabía que decirle, quería abrazarla, y decirle que la amaba, que iba a estar con ella para siempre, no le iba a hacer daño. La protegería con su vida. Escuchó como su pequeña, bajaba las escaleras, cogiendo con su pequeña manita la barandilla, y decía en voz alta:
-            Tete, tete, ya está todo, quiero desayunar y ir al parque , con los demás niños, para que me columpies, y juegues conmigo en el balancín y tú también María, que después juguemos a las casitas.