Era la noche, aproximadamente la hora de cenar, cuando Mario y María, estaban con el pequeño coco sentados en un banco, ya solo les iluminaban las luces de la calle, y algunos focos de las luces de los coches, hacía calor, o eso era lo que creia María, tenian hambre, querian cenar, habia por alli cerca había un Telepizza, la verdad, esque una pizza no le vendría mal ahora, y encima con Mario. Estaba agusto. La chica le sonrío a Mario, y le dijo cariñosamente:
- Oye Mario, ¿te apetece que cenemos? allí enfrente hay un Telepizza, ¿ te gusta o nos vamos a otro sitio?, pero a esta invito yo.
El chico no se esperaba la pregunta de María, y sonriente dijo:
- Vale, una familiar, porque yo tengo un hambre... que no veas, el sabor lo escojes tu, a mi me gusta todo.
Se levantaron del banco, y María cojio su bolso con las cosas que habían dentro, y se pusieron de camino hacia el paso de petaones, el pequeño coco iba con ellos.
María miró la hora en el reloj del móvil eran las 11 de la noche, se habían pasado casi tres horas hablando en ese banco, el tiempo se le había pasado volando, estaba empezando a sentir algo muy especial por ese chico, ese chico que a pesar de todo, estaba todos los días con ella, animandola.
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