Estaban dentro de ese local de comida rápida sentados en los sofás que había dentro del local, era más tarde de las doce, ya tenían su pizza, y los chicos esos seguían a su bola, sin importarle mucho, los sentimientos de la chica, eso a Mario le ponía de los nervios. María no se había acordado ni por un momento de que su amigo estaba en el hospital, María creía que eso sería bueno para ella, estaba feliz, no tenía que pensar en Marcos, mañana iría con Mario a verle, necesitaba hacerlo aunque quizá no fuera bueno.
María estaba inmersa en sus pensamientos, no se enteraba de lo que pasaba a su alrededor, el chico la sacó de los pensamientos, y le dijo cogiéndole la mano:
- Hey, quieres que nos vayamos, venga, que te acompaño hasta tu casa.
- Vale, muchas gracias, aunque no hace falta esta solo a un paseo...
Mario notaba algo rara a la chica, mucho más rara que de costumbre, se levantaron de los asientos del restaurante de comida rápida y se dirigieron hacia la puerta, y cogieron al pequeño coco en la mano, se les empezó a subir por la rodilla a María y esta se agachó y lo cogió entre sus brazos, este le empezó a lamer el brazo derecho y enseguida se durmió.
Iban por el paso de peatones, cuando Mario entrelazó su mano con la de María, la chica se dio cuenta de esto, pero no hizo ningún gesto de rechazo.
Llevaban un rato andando cuando Mario notó que aquellos extraños chicos del local de comida rápida iban detrás de ellos, quería avisar a María, pero tampoco quería asustarla, se paro en mitad de la acera, y puso a María detrás de él, y les dijo con un grito repleto de furia.
- ¡ QUE QUERÉIS, DEJADNOS TRANQUILOS !
El grupo empezó a reír, y le dijo al chico, cuyo nombre ellos desconocían:
- ¿ Que que queremos?, la queremos a ella- dijo el que parecía el líder del grupo.
- Pues si queréis ir hasta ella, primero tendréis que pasar por mi.
El líder del grupo, les dio una serie de órdenes a cada persona, dos de esos chicos cuyas prendas que vestían no les hacía aparentar más de dieciséis años, sujetaban a Mario, y otro sujetaba a María para que viera lo que le hacían a Mario, el líder, que aparentaba la mayoría de edad, le empezó a pegar a Mario, puñetazos en la cara, los cuales, hacían que la cara de este empezara a sangrar.
Mientras tanto María no paraba de moverse y gritar:
- ¡ SUÉLTAME ! ¡ DEJADLO EN PAZ, NO OS HEMOS HECHO NADA!, ¡ DEJADLO A ÉL, ME QUERÉIS A MI !- lo decía mientras le caían lágrimas de los ojos.
- Vale, muchas gracias, aunque no hace falta esta solo a un paseo...
Mario notaba algo rara a la chica, mucho más rara que de costumbre, se levantaron de los asientos del restaurante de comida rápida y se dirigieron hacia la puerta, y cogieron al pequeño coco en la mano, se les empezó a subir por la rodilla a María y esta se agachó y lo cogió entre sus brazos, este le empezó a lamer el brazo derecho y enseguida se durmió.
Iban por el paso de peatones, cuando Mario entrelazó su mano con la de María, la chica se dio cuenta de esto, pero no hizo ningún gesto de rechazo.
Llevaban un rato andando cuando Mario notó que aquellos extraños chicos del local de comida rápida iban detrás de ellos, quería avisar a María, pero tampoco quería asustarla, se paro en mitad de la acera, y puso a María detrás de él, y les dijo con un grito repleto de furia.
- ¡ QUE QUERÉIS, DEJADNOS TRANQUILOS !
El grupo empezó a reír, y le dijo al chico, cuyo nombre ellos desconocían:
- ¿ Que que queremos?, la queremos a ella- dijo el que parecía el líder del grupo.
- Pues si queréis ir hasta ella, primero tendréis que pasar por mi.
El líder del grupo, les dio una serie de órdenes a cada persona, dos de esos chicos cuyas prendas que vestían no les hacía aparentar más de dieciséis años, sujetaban a Mario, y otro sujetaba a María para que viera lo que le hacían a Mario, el líder, que aparentaba la mayoría de edad, le empezó a pegar a Mario, puñetazos en la cara, los cuales, hacían que la cara de este empezara a sangrar.
Mientras tanto María no paraba de moverse y gritar:
- ¡ SUÉLTAME ! ¡ DEJADLO EN PAZ, NO OS HEMOS HECHO NADA!, ¡ DEJADLO A ÉL, ME QUERÉIS A MI !- lo decía mientras le caían lágrimas de los ojos.
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