Cogió el ascensor, y se bajó
hacia donde le esperaba Mario. Lo vio en la entrada, allí a lo lejos, vio como
el viento hacía un vaivén con su pelo, estaba con un pie, apoyado en la pared,
esa imagen le recordaba cuando su hermano iba a recogerle al instituto, la
verdad es que echaba de menos esos momentos de su infancia.
Llegó a las puertas del hospital
y le dijo a Mario con una sonrisa de oreja a oreja:
- ¿Nos
vamos?, aún nos quedan un montón de cosas por hacer, ¿quieres que vayamos?
Y sin decir nada, emprendieron
camino hacia casa de Mario, no estaba a más de dos calles de allí vivían a las
afueras, y vivían muy juntos, eso le hacía sentirse segura.
Ya les faltaba poco para llegar,
y fue cuando María le preguntó entre risas:
- Oye,
llevas las llaves de tu casa, ¿verdad?, porque si no no sé cómo vamos a poder
entrar, y supongo que le querrás dar una sorpresa a tu hermana Blanca ¿verdad?
- Pues
tienes razón la verdad, pero si llevo llaves, seguro que en cuanto oiga encajar
la llave en la cerradura, vendrá corriendo a recibirnos, y darnos unos abrazos
y muchos besos y querrá ponerse a jugar con nosotros.
- ¿Le
puedo comprar una chuches a tu hermana?, es que hace tiempo que no la veo y no
le compro nada...
- Claro
que sí, aunque me la estás mal criando, y luego me va a salir revoltosa, y no
habrá quien la enderece.
Los dos rieron al mismo tiempo,
pararon en el quiosco que tenían a su derecha. Les quedaban dos calles para
llegar a la casa de este, estaban dentro, comprando las golosinas para la
pequeña. No le habían comprado demasiadas, tampoco eran buenas para ella. Ya habían salido de la
tienda cuando a María le sonó el móvil, en la pantalla ponía “Marcos”, se había
percatado de que Mario había visto quien le llamaba, y se estaba cabreando, así
que decidió no cogerlo, se sentiría mejor con ella misma. Estaban emprendiendo
camino hacía la casa de Mario, ya les quedaba poco, estaban cerca, tenía ganas
de ver a Blanca, era como su hermana pequeña, cada vez que la veía recordaba
aquellas escenas de veranos anteriores.
Estaban a punto de entrar en la
casa, cuando de repente escucharon unos gritos dentro de la casa que haría que Mario
se preocupara por su hermana.
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