- ¿María que está pasando? ¿Por qué están gritando? ¿Le van a hacer daño al tete Mario?
- No pasa nada cielo, tu hermano es muy valiente y no, no le van a hacer daño, él es muy fuerte.
Estaban abrazadas, sentadas en la cama, María cogió su teléfono, y marco el número de la policía, quería que aquellos gritos y aquella situación se acabara cuanto antes, no quería ver a Mario sufrir, de repente escuchó una voz masculina al otro lado del teléfono.
- Emergencias ¿Diga me?
- Hola buenos días, verá mi nombre es María y estoy en casa de un amigo, y abajo estoy escuchando una discusión que puede acarrear problemas más serios. Estoy en el número ochenta y nueve de la avenida Zamenhof, y hay una niña pequeña, que está aquí a mi lado.
- Enseguida acudirá un coche de policía a la dirección que tu mes has dado, ¿estáis todos bien por el momento? ¿dónde te encuentras con la niña?
- Me encuentro en el piso de arriba en la habitación de ella, jugando con los peluches, la intento que no se entere de la discusión.
- Vale, enseguida acudirá la policía, permanezca donde está y no se mueva.
Colgaron. Enseguida empezó a
escuchar el sonido de unas sirenas de policía, se levantó de la cama, y miró
por la ventana, y pensó “No, el ruido de las sirenas no”, de fondo escuchaba la
pelea que había abajo. De repente escuchó que las sirenas se paraban, y que la discusión
cesaba, oía voces que se identificaban como cuerpos de la policía, y que les habían
llamado, por malos tratos.
Escuchó lo que decían aquellos
agentes, y poco a poco y sin hacer ruido, bajó las escaleras, quería estar al
lado de Mario, y ver si estaba bien, o ver que le había pasado. Pero en el piso de abajo pasarían cosas indeseables.
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