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domingo, 28 de abril de 2013

La Decisión de María

Los dos echaron la vista al frente, y vieron que el otro hombre de policía estaba apuntando con la pistola a la persona de color, porque tenía a Mario cogido como rehén
El chico de color tenía a Mario cogido por el cuello, tenía una pistola apuntándole en su sien, Mario y María estaban llorando, desde que empezaron juntos a trabajar han vivido juntos momentos maravillosos, la chica estaba nerviosa, no sabía qué hacer, quería proteger a Mario, pero no podía, le cubría uno de los policías de azul, de repente se escucharon unas palabras que dijo el chico de color:
                                -Dejadme en paz, dejadme ver a mi hija.
                                - Primero suelta el arma, y después suéltalo a él y hablamos.- dijo el policía de azul de la derecha.
                                                         -¿Tú sabes lo que es tener hijos y no poder verlos?
En ese instante se escuchó una  voz infantil por debajo de las escaleras, era Blanca, la hermana de Mario, preguntaba por la chica, quería saber porque tardaba tanto.
                                                            - ¿María?, ¿Tete?, ¿Por qué estáis tardando tanto en subir? Me aburro mucho.
                                   - No, Blanca, no bajes, enseguida subimos, ahora sube María a jugar contigo, pero quédate arriba, el tete está bien, no te preocupes. – Le dijo su hermano, pretendiendo que no bajara a la parte inferior del piso.
                                  - Si, cielo, ahora subo, es que…. mmm le estaba contando una cosa a tu hermano, quédate jugando con las barbies, además, te he comprado una cosita… te he comprado chuches, están en…- se tocó los bolsillos del pantalón, y se las notó cerró los ojos y dijo susurrando “Mierda”- están en mi bolsillo, pero ahora te las subo, no tardo nada vale, quédate en la habitación.
La niña no llegó a bajar, se oían sus pequeños pasos volviendo hacía la habitación, pero seguían allí en medio del salón, intentando que las cosas se calmaran. A María el policía de la derecha le recordaba un montón al padre de un amigo suyo. Este empezó a decir:
                                -  Sí, sí que lo sé, lo que no sabes lo que sufres cuando tu hijo tiene cáncer desde los cinco años, que los médicos le hagan pruebas y pruebas y nunca te digan nada de lo que tiene, que siempre le estén encontrando tumores y que sean malignos, que lo veas allí sentado en esa silla tres veces a la semana, recibiendo esa puta medicación  que acaba con sus fuerzas, verlo allí sentado, vomitando, y sin pelo, porque el puto cáncer se lo ha quitado, que esté enamorado de una chica, y que ella pase de él, verle sufrir, día a día, noche tras noche, y verle entrar en coma, y no saber si se va a recuperar o que, verle en la habitación con todos aquellos tubos que salen de su cuerpo y que le ayudan a sobrevivir, y sobre todo, no poder verle, por pagarle ese puto hospital, que está acabando con la vida de mi familia, con los ahorros, pero es mi hijo, y es lo más importante de mi vida, y daría lo que fuese por tener yo ese cáncer que no él, pero hay veces que a las personas nos tocan cosas que no nos gustan, así que suelta el arma, tírala al suelo.
El chico de color, soltó a Mario, y tiró el arma al suelo, y se arrodilló con las manos en la nuca.

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