Los hermanos se abrazaron. Y María Junior se durmió. La postró en la
cuna, y salió de la habitación. Mario salió tras ella. Y la abrazó. Se dirigieron
a los ascensores, pulsó el botón de bajada. En poco tiempo se abrieron las
puertas y pulsaron el dos. Querían llegar a la habitación 220, estaba su amigo
allí.
Se detuvo en la puerta, estaba indecisa, no sabía si entrar o irse. Se paró respiró hondo y llamó
a la puerta, desde el interior de la puerta se escuchó. “Adelante” posó la mano
en el pomo, y abrió.
Se miraron a los ojos, y no
dijeron nada, estaban Lucas y Marcos jugando al parchís. Al verla, Marcos,
desvió la mirada, y dijo a su amigo:
-
¿Continuamos?
-
Tío…
-
¿continuamos si o no?
-
¿por qué lo haces?
En ese momento no respondió. Pero
Lucas habló atacando.
-
Tío, no lo hagas, … ¿o es que no hemos hablado
veces de que te gustaría irte a vivir con ella a Madrid, e intentar hacer que
cumpla su sueño, cuantas veces te has pasado
las noches en vela pensando en ella, o
cuantas veces me has dicho que te la amas, o que te gustaría que si sales de
este jodido cáncer no te gustaría que fuera la madre de tus hijos?
La habitación se quedó en silencio. Y Marcos dijo:
-
Tío era nuestro secreto….
-
Mira Marcos, si yo tuviera una amiga como ella,
que ha hecho todo lo que ha hecho por ti, y que no se ha separado de ti ni un
minuto, que ha dado su médula para salvarte, y que se ha pasado día y noche a
tu lado. Yo no la haría llorar, yo la haría la chica más feliz del mundo.
María estaba llorando.
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