María y Mario estaban a mitad camino del hospital, se habían dejado al pequeño coco en la habitación no podían llevarlo a los lugares donde la chica tenía pensado ir, estaba el uno al lado del otro, María se echó la mano al bolsillo y busco su móvil, lo encontró fácilmente, se lo ofreció a Mario y le dijo:
- Toma, llama a tu familia, y dile que vas a pasar unos días en mi casa, que no están mis padres, y que vamos a montar una fiesta, solo si quieres, lo digo por lo de las heridas... - le dijo mirando de arriba a abajo
- Esta bien, le llamaré y le diré a mi hermana que ... bueno ya me inventaré algo - Cogió el móvil, y empezó a marcar el número de su casa, Un bip. Nada. Dos bips. Nada. Tres bips. Una voz femenina e infantil sonó tras el móvil.
- Enana ¿estás sola? ¿o con la canguro?,
- Con Martina - dijo la dulce voz, a través del teléfono
- Vale, con la canguro, bueno, pues ahora me pasaré a verte un rato,a jugar, y me tendré que ir, que tengo que hacer unas cosas ¿vale enana?
- Vale Tete, te quiero- dijo la dulce voz
- Yo más princesa, nos vemos luego.
Se despidieron, y sin darse cuenta, ya estaban en la puerta del hospital, María se había dado cuenta de la felicidad que Mario tenía en los ojos, había hablado con su hermana, hacía tiempo que no lo hacía, recibió su móvil y se lo guardó en el bolsillo, hacía tiempo que no veía a Mario tan feliz, se pusieron frente al celular de las puertas correderas del hospital, estas se abrieron, entraron y se dirigieron hacia los ascensores, estaban todos cogidos y en las plantas más altas, pulsaron al botón que había en la pared, los marcadores que habían en la parte superior del ascensor, empezaron a descender, había uno que ya le faltaba poco para llegar, ya estaba en la planta en la que se encontraban ellos y se abrieron las puertas del ascensor, salió la gente que había dentro de este, y María pulsó el botón del piso número dos, su amigo estaba en la 220, la verdad, le haría mucha ilusión verle, aunque estuviera intubado y postrado en una cama, por quién sabe cuanto, puede que sean días, meses, incluso años, o incluso horas, horas en las que puede que ahora mismo se despierte, y sean felices, que le cuente todo lo que le ha pasado, lo de la pelea, la vuelta de su hermano de la vuelta del Sudáfrica que está apunto de encontrar una vacuna contra cualquier tipo de cáncer y que entonces le curaría, y podrían ser felices, reír juntos, y le diría lo mucho que lo siente, que siente no haber podido haber hecho antes nada, para poder haberle ayudado.
Ya habían salido del ascensor, estaban delante de la puerta y al abrir la puerta todo cambiaría.
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