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domingo, 2 de junio de 2013

La Decisión De María

-DÍA 6-                                                                                                  - 29 de Junio-
Eran las diez de la mañana aproximadamente cuando la pequeña blanca fue corriendo a abrazar a su hermano, y abrió la puerta de la habitación de su hermano, y la pequeñaja entro saltando y gritando:
-       ¡ES MI CUMPLEAÑOS, ES MI CUMPLEAÑOS!
-       Ya lo sé cariño, pero ahora baja, que me estás haciendo daño.
-       Tete ¿Qué me has comprado?
-       Ups.. se me ha olvidado
-       Jo, eres tonto, ya no te quiero. – la niña hizo una mueca de enfado.
-       Te he comprado una cosa súper chula, pero primero tienes que desayunar y recoger tu cuarto que ayer lo dejaste, todo tirado por ahí, ¿vale princesa?
Mario no se esperaba la reacción de la niña, esta salió rápidamente de su habitación y empezó a recoger las cosas.
Bajó las escaleras, y vio que María estaba sentada en el sofá, estaba mirando la pared. Se sentó a su lado, y le preguntó:
-       ¿Estás bien?
Mario esperaba una respuesta, pero ella no le dio ninguna, le abrazó y no dijo nada. Estaba preocupado por ella, así que por intentar distraerla, le dijo:
-     ¿Sabes qué hoy es el cumpleaños de mi hermana? Y ya cumple seis años, ya se ha despertado, así que si quieres lo podemos celebrar, yo le diré que mi regalo es de los dos.
Mario seguía sin esperar respuesta, pero esta vez la obtuvo:
-     Hoy hubiera nacido mi hermano, para hoy estaba previsto que naciera,  pero desde aquello, mi madre, no es la que era, no ha levantado cabeza, pero yo como puedo siempre la intento animar, me dice que está bien pero no lo está, se iba a llamar Roberto.- hizo una breve pausa- Sabes Mario, este verano, no va a ser uno de los mejores, lo de mis amigos, lo de Marcos, va a ser difícil de olvidar, pero gracias a ti, gracias por estar a tu lado, sé que va a ser más fácil. Te quiero.
Mario no sabía que decirle, quería abrazarla, y decirle que la amaba, que iba a estar con ella para siempre, no le iba a hacer daño. La protegería con su vida. Escuchó como su pequeña, bajaba las escaleras, cogiendo con su pequeña manita la barandilla, y decía en voz alta:
-            Tete, tete, ya está todo, quiero desayunar y ir al parque , con los demás niños, para que me columpies, y juegues conmigo en el balancín y tú también María, que después juguemos a las casitas.

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