-
Pe… Pero ¿por qué no me has dicho nada?
-
Pues porque con diecisiete años que tenía yo, y
ahora tengo veintitrés y no quería haceros daño.
-
¿Pero mamá lo sabe?
-
Si, ella lo sabe.
-
¿Y que pasó?
-
Pues que sus padres quisieron que nunca
estuviéramos juntos, porque decían que yo era mala persona y que solo quería
aprovecharme de Sonia, mi mujer.
-
¿Tu… Tu mujer?
-
Si, mi mujer, se mudaron, entonces ella se fugó
y se vino conmigo. Y estuvimos unos días en casa, pero quería que nos fuéramos
porque no quería molestar a mamá, estudié medicina en Londres, y cuando nació
Juan, el niño. Me apunté a médicos sin fronteras, y nos trasladamos a sud
África, donde nos casamos, y se volvió a quedar embarazada, y ahora es niña,
nacerá en dos meses. Para entonces ellos
estarán aquí.
-
¿Entonces soy tía? Y ¿Cómo son?¿tienes fotos?
Adrián sacó su cartera, y la
abrió, le mostró una foto que tenía guardada, le pasó el dedo pulgar por encima
de la foto, y sonrió como un niño con zapatos nuevos.
María se puso feliz al ver a su
hermano a sonreír, tenía ganas de conocer a sus sobrinos. Con pocas palabras
preguntó:
-
¿Cuándo vienen?
En esos momentos sonó el timbre
de la puerta de la casa de la familia. Adrián sabía que era Sonia y kevin, su
mujer y su hijo. Pero quería darle una sorpresa a su pequeña ratona, bajó de dos en dos las
escaleras y acudió a abrir la puerta, lo siguió María. Se quedó en el
descansillo. Observó cómo su hermano abrió la puerta y sin pestañear, le dio el
beso más romántico que había visto nunca.
Todos acudieron a recibir a
aquella chica embarazada de unos siete meses aproximadamente, con un niño de
siete años, moreno y con un juguete de un avión en la mano.
Sonia, acudió a María, le dijo
con una sonrisa:
-
Hola, tú debes de ser ¿María, no?
-
Bueno, si…
- Adrián me ha hablado mucho de ti, y además ya te
conocía pero supongo que tú no te acordarás de mi
María no respondió. Estaban en
una situación incómoda.
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